miércoles, 4 de noviembre de 2015
MOLES EN EL CORAZÒN Dàmaris de Bocaranda
MOLES EN EL CORAZÒN
Dàmaris de Bocaranda
Creo haber leído o imaginè que un hombre andaba por una selva de la India y que después de indecibles sufrimientos, sed, hambre, peligros, llegó finalmente al lugar donde, como le habían asegurado, se hallaba un tesoro. Entrò a una cueva y quedó deslumbrado cuando, a la luz de un hachòn, surgió ante sus ojos una autèntica montaña de monedas y piezas artísticas de oro y piedras preciosas, labradas, seguramente, por los orfebres de algún rey muy poderoso.
El viajero pensó, al principio, cargar con pocas cosas de aquèllas, pues andaba solo y no contaba con medios adecuados para el transporte, sobre todo si tenìa que cruzar la selva.
Pero lo invadió la ambición y se dijo: “debo aprovechar la ocasión, pues jamàs podrè regresar a este lugar. De manera que cargarè con todo lo que pueda”, y comenzó a llenar sacos y sacos. Los atò a su cuerpo como pudo, y salió a la jungla. No pudo andar mucho trecho porque la àrboles, las raíces, las lianas, le impedían el paso, de manera que tuvo que abandonar una a una aquellas cargas, hasta que solamente le quedó un pequeño rubí que llevaba en un bolsillo.
Es a esta actitud de nosotros los humanos, a la que se refiere el Maestro Jesùs con la imagen del camello que puede pasar por el ojo de una aguja. Explicando todo esto, Aivanhov escribe que los deseos desmesurados impiden el ascenso espiritual. “Cuando el cuerpo del deseo se hincha debido a la codicia, se vuelve como un tumor inmenso que impide pasar por la puerta del Reino de Dios”.
Por eso, opinamos nosotros, es preferible sentirse satisfecho, pleno, con lo indispensable, sin excesos ni ambiciones, para poder andar livianos por la senda espiritual.
viernes, 30 de octubre de 2015
DESDE MIS SUEÑOS
Desde
aquí,
desde la
cima de esta estrella,
desde el
vértice donde el viento mece los luceros,
desde
aquí te estoy mirando
con los
iris de mis sueños.
Siento
soles muy ardientes en mis ojos
que se
queman.
Despierto,
y al
abrirlos te sorprendo
velando mi sueño con tus ojos.
(De: Brindis de Luz por la mujer amada)
miércoles, 14 de octubre de 2015
LA IMPORTANCIA DE LA FORMA DE PENSAR, DE SENTIR Y DE ACTUAR Dàmaris de Bocaranda
LA IMPORTANCIA DE LA FORMA
DE PENSAR, DE SENTIR Y DE ACTUAR
Dàmaris
de Bocaranda
Los humanos,
a medida que evolucionan, van superando la animalidad, y a medida que esto
ocurre, van siendo libres, al contrario
de lo que sucede con aquèllos que permanecen en el nivel de
los meros instintos y de las
pasiones.
Siendo
libres, nosotros mismos nos abrimos
camino, y lo hacemos a través de nuestros pensamientos, de nuestros
sentimientos y de nuestras obras.
Sin
embargo, el asunto no es simple: el bueno o el mal camino dependen de la forma
de pensar y de sentir, que desembocan en un actuar recto o torcido, según
nuestras opciones.
Si
nuestros pensamientos suelen ser buenos, sanos, bien intencionados y si
nuestros sentimientos responden a la misma tònica del bien, nos abrimos camino,
en el ascenso evolutivo, hacia la realización de obras buenas, hacia un recto
proceder. Si, por el contrario, nuestra forma de pensar y nuestra forma de
sentir, suelen ser erradas, habrá un final abrupto, inconveniente, negativo,
consecuencia de la opción por el mal.
No es
raro encontrar personas que lamentan haber realizado actos negativos, haber
perjudicado a su familia, a sus amigos o a desconocidos, por los que han
terminado en la cárcel. Ignoran que
incurrieron en esta clase de actos porque no prestaron atención a la forma de
pensar. Porque no tuvieron consciencia de la naturaleza de sus pensamientos.
Cuando
una persona suele tener malos pensamientos, cuando desea causar el mal,
arrebatar, violar, maltratar, terminarà haciéndolo, y lo hará cuando menos lo
espere. Porque esas nubes negras le alimentaron el subconsciente y lo
impulsaron a perpetrar el hecho. Si, por el contrario, una persona suele tener
pensamientos de bien, de paz, de bondad, de amor, de fraternidad, ese cùmulo de
luz lo impulsarà a realizar el bien. De manera que todo es consecuencial: un
mal camino trazado por pensamientos y
sentimientos negativos, terminarà en una desgracia. Un buen camino terminarà en
el bien.
Es, pues,
necesario estar atento, en todo momento, a nuestra forma de pensar y de sentir,
a la calidad de nuestros pensamientos y de nuestros sentimientos. Es necesario
vigilarnos para no caer en las sombras, para no escapar a la luz. Porque el que
anda en lo oscuro, tarde o temprano caerà en el hoyo negro. Mientras que el que
anda en la luz y con la luz, siempre contarà con ella.
Vivir con
malos pensamientos y con malos deseos, es como andar en malas compañías, como
sucede con aquèllos que frecuentan la compañía de ladrones y violentos: acogen,
casi sin darse cuenta, su forma errónea de pensar , y serán arrastrados por
ellos, màs temprano que tarde.
miércoles, 7 de octubre de 2015
EL CAMBIO INTERIOR Dàmaris de Bocaranda
EL CAMBIO INTERIOR
Dàmaris de Bocaranda
Revoluciones por aquí,
revoluciones por allà…Pero, ¿què se espera de una “revolución”? Si nos atenemos
a las palabras de quienes las promueven, de quienes las incitan, de quienes las
dirigen, podríamos concluir que las revoluciones se hacen para lograr una
autèntica justicia social, es decir, para que, en condiciones de igualdad, la
riqueza de la sociedad, del país, se
distribuya en forma equitativa, para que todos tengan trabajo, alimento,
vivienda cómoda, atención mèdica eficiente, acceso a la educación, etc.etc.,
todo lo que ya sabemos…
Pero, en el supuesto de que
triunfase la tal “revolución”, en el supuesto de que quienes la han promovido y
dirigido, se transformen en gobernantes, ¿estaràn èstos en condiciones de
impulsar los medios, los recursos del Estado, por la vìa correcta? Porque,
¿està un ciego en condiciones de enseñar a ver, o un lisiado en condiciones de
enseñar a caminar? ¿O un corrupto en condiciones de brindar lecciones de Moral?
Con esto queremos
significar que quienes se abocan a predicar revoluciones deben comenzar por
revolucionarse a sì mismos, previamente, pues, de lo contrario, se trata de
gente deshonesta, falsa, que únicamente ha tenido el propósito de acomodarse en
la vida, sin importar, realmente, lo demás.
La verdad de una revolución
se mide por sus efectos reales, por sus consecuencias tangibles. Si la
revolución no hace otra cosa que reemplazar a unas personas por otras, a unos
gobernantes por otros, sin profundizar, sin contribuir a que las personas sean
mejores, a que disminuyan el egoísmo, la perversión, la mala intención, el
crimen, la deshonestidad, se trata de una revolución falsa.
Tambièn aquí se aplica
aquello de “por sus frutos los conoceréis”: conforme sean los frutos, buenos o
malos, justos o injustos, verídicos o falsos, sinceros o engañosos, de
generosidad o de egoísmo, sabremos con certeza si la revolución es verdadera o
no, y sabremos, igualmente, si sòlo se trata de un proceso externo, aparente,
sin fundamentos, es decir, si los promotores de la revolución se habían revolucionado
a sì mismos antes de pretender
revolucionar a los demás, para lo cual debieron
haber comenzado por cambiar la mentalidad.
No puede haber revolución
verdadera si no la precede, como base, como punto de partida, un cambio de la
mentalidad, es decir, un salto de la ruindad moral a la nobleza moral, del odio
al amor, de la mentira a la verdad. Si no es asì, sòlo se pretende obtener
peras del olmo, como dice el viejo dicho, y eso no vale la pena, como es obvio…
jueves, 14 de mayo de 2015
AMOR Y TRASCENDENCIA
AMOR Y TRASCENDENCIA
“Se arremete contra el amor romántico. Lo tildan de “tonto y estúpido”. Cierto filósofo llegó a
“degradarlo y empequeñecerlo”, y justamente cuando al parecer sufría uno de sus
frecuentes ataques de hipocondría, escribió un libro sobre el amor: el enamoramiento,
para él, es una angina psíquica, que
huele a cuarto de enfermo y que es una imbecilidad transitoria.
Yo me atrevería a decir que cuando dos personas se
aman profundamente, con el acento auténtico del amor, éste se convierte en un
sentimiento trascendente, que arranca del
corazón de la pareja y se difunde hacia la sociedad, hacia la humanidad, hacia
Dios, a manera de luz, a manera de optimismo y alegría.
El amor intenso entre dos personas se desborda hacia
la eternidad.
Deprecian o menosprecian el amor quienes no lo conocen
ni desde lejos. Aquéllos que atienden sólo a las relaciones pasajeras, porque
no han hallado la oportunidad de vivirlo, de percibirlo, de sentirlo día tras
día, plenamente, como lo he logrado yo, (en buena hora lo diga), y de todo lo cual
son testigos estos cuarenta años tan felices. Río apacible y fresco, de cuyas
aguas hemos venido disfrutando.
Lo nuestro ha sido un navegar por un lago de paz. Y han
viajado con nosotros nuestros hijos, en
el mismo velero blanco, a todo viento, frente al desfile de paisajes coloridos,
hermosos de tanta luz.
El jugo del amor entre nosotros no sólo ha sido
hermosamente dulce, sino también muy abundante, y hemos sabido distribuirlo por
partes iguales entre todas las uvas que forman nuestro racimo familiar. Y hasta
ha alcanzado para otras personas, que se han beneficiado de su esencia
generosa. Es más: ha trascendido, de algún modo, como amor a la sociedad, a la
humanidad. Y es por ello por lo que ambos nos con-dolemos de quienes padecen
hambre y frío, de quienes deambulan sin rumbo ni meta por las calles, de
quienes viven en la basura y de la basura. En, fin, nos com-padecemos de
quienes cargan ese fardo de púas que es
el dolor”
(Tomado de Brindis
de Luz por la Mujer Amada).
viernes, 24 de abril de 2015
CUÉNTAME DE NUEVO
Ven, reclínate sobre mi pecho una vez más,
los dos sobre
la grama,
bajo este árbol que nos acoge con bondad y no
protesta,
y que se nota
complacido con nuestra visita frecuente.
Miremos a través de las ramas
hacia el cielo de suave azul que nos contempla.
Lacemos nuestras manos una vez más
y sumerjamos, también hoy, nuestros corazones
en la conversa infinita que ha entretejido nuestras
vidas
con los días,
con el florido rumor de nuestras voces
que sólo tú
sabes ornar
con voz alegre.
Cuéntame por diezmilésima vez
cuál fue tu vida
antes del encuentro.
Complace tu corazón y recréalo con tus relatos de
agradables recuerdos.
Abre puertas a tus expresiones de amor por tus padres
y hermanos.
Deja volar, una vez más, las aves del recuerdo
que se lanzan al aire con alas felices y regresan a
colmar tu corazón.
Cuéntame de nuevo esto y aquello
y lo de más
allá y lo de más acá,
porque me agrada escuchar
el retozo
alegre de tu canto
a la sombra de este árbol,
que recibe nuestra visita frecuente
y nos escucha con el rumor del viento entre las hojas.
(De BRINDIS DE LUZ POR LA MUJER AMADA)
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